DE REALITIES Y PAYASOS

DE REALITIES Y PAYASOS

Por: Diego Álvarez Delgado

El último trimestre del 2016 se distingue nuevamente por los colores y las ideologías políticas de una nueva contienda electoral. Este año se puede evidenciar, al igual que en ocasiones anteriores, a decenas de figuras públicas compitiendo entre sí para conseguir el anhelado escaño del legislador, respetables unos y otros no tanto; unos reconocidos por ser verdaderos eruditos del Derecho y otros, que bueno, son reconocidos por otras aptitudes menos académicas, enmarcadas en el mundo del entretenimiento.

Haciendo honor a lo que abunda en los medios de comunicación, este artículo se enfocará en aquellos candidatos que son tales por su conocido y criticado involucramiento en programas televisivos. ¡Quién lo hubiera pensado, Ernesto Tikotiko Huertas a la Asamblea! Difícil resulta pensar en un personaje más colorido y alegre dentro del grupo de candidatos. Pero de repente, cuando uno piensa que la Asamblea nunca será un lugar aburrido con Tikotiko legislando por el Ecuador, aparecen Sofía Caiche, Eder “La Roca” Calderón y muchos otros compañeros de los elencos de varios realities.

Empiezan entonces las críticas con la pregunta generalizada de muchos ecuatorianos: ¿cómo se puede permitir que cualquier persona con mayoría de edad pueda ser Asambleísta? Pues, ese famoso derecho de que todos y todas tienen la posibilidad de elegir y ser elegidos se aplica en nuestro país y, de hecho, en muchos otros de la región y del mundo. ¿Será entonces tiempo de enmendar las leyes que establecen este derecho? Creo que no: el problema es mucho más profundo.

En procesos electorales pasados se ha evidenciado cómo personajes similares a los que se ha hecho alusión han llegado a ser asambleístas en el Ecuador, y es ese el principal motivante para que exista una perpetua intención de su parte en seguir participando en los comicios. Entonces, el problema no necesariamente radica en el atrevimiento de los famosos a lanzarse como candidatos, sino que la cultura política de nuestro país deviene en circunstancias que influyen en la ciudadanía y que hacen que esta opte por esos candidatos antes que por otros.

En este contexto, es importante hacer un análisis exhaustivo de los medios que convierten a estos personajes en figuras públicas –en la televisión, sobre todo- y, además, analizar y comprender cuál es la audiencia de los programas más populares del país, como “Combate”, “Vamos con Todo” y demás programas que nada construyen, edifican o educan.

Se contraponen, entonces, las posiciones políticas de enormes grupos sociales –porque por el hecho de que un ciudadano decida votar por Tikotiko no quiere decir que deje de ser una posición política-: aquellos que, por cualquier fuere el motivo, son gustosos de los candidatos “famosos” por el solo hecho de que lo sean y, por otro lado, aquellos que pensamos que su sola participación debería hacernos sentir avergonzados. Lamentablemente, los segundos somos minoría.

De cualquier manera, resulta incorrecto pensar que la culpa de todo la tiene la Ley, puesto que, según el brevísimo análisis anterior, el problema claramente es sociocultural. A los ecuatorianos en general nos falta cultivarnos en temas políticos para que de esa manera no creamos a los candidatos a la Asamblea cuando en sus campañas ofrecen construir carreteras, casas y empleos y, mucho menos, cuando aparezca un personaje de la farándula a querer legislar por el Ecuador. La idea decisiva de este ensayo es que, si la sociedad ecuatoriana no experimenta un cambio estructural en las bases mismas de su propia concepción de la política, los candidatos de este tipo seguirán apareciendo y seguirán ganando puesto que, si nadie estaría contento con su participación o dispuesto a darles el voto, los famosos ni siquiera se molestarían en participar.

Debemos apuntar a ser una sociedad madura que se atreva a considerar -por ejemplo- al voto nulo como una mejor opción a lo que descontenta. Aun cuando no sea el espíritu de este escrito, quiero manifestar que el voto nulo es un fuerte golpe al sistema político que expresa desacuerdo con las propuestas de los candidatos. El voto nulo ha sido tan desmerecido y desvalorado que incluso ha sido considerado como una decisión civil “mediocre” por tantos y tantas. En un próximo escrito profundizaré este tema.

No es, entonces, la candidatura de los famosos un problema legal tanto como es social, cultural y político. No es cuestión de mermar derechos, sino de incrementar conciencia política en la sociedad. No debe pensarse que los candidatos son puestos como tales por mero capricho. Todo es resultado de un intenso análisis por parte de los movimientos y partidos políticos; ergo, cuando los partidos y movimientos se den cuenta de que somos una sociedad que no está dispuesta a dejar la legislación del país en manos del elenco de Calle 7, estoy seguro de que tampoco los propondrán como candidatos. Hay que cambiar los paradigmas y construir ciudadanía responsable, con todo lo que ello implica.

15591990_10154374919004794_850449670_n

Sobre el autor:

Diego Álvarez Delgado es graduado de la carrera de Estudios Internacionales en la Universidad del Azuay. Trabajó en la Dirección de Relaciones Externas del Municipio de Cuenca y fue líder de la Unidad de Relaciones Internacionales y Cooperación en la Coordinación Zonal 6 del Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana. Ha estudiado cursos en diplomacia y negociación internacional por la universidad de Londres (Inglaterra) y de Yale (Estados Unidos) respectivamente, entre otros. Fue consultor de la Agencia de Cooperación Internacional Alemana (GIZ); ha manejado varios proyectos de vinculación con personas en movilidad humana y de gestión, planificación y ejecución de eventos internacionales. Realizó una crítica al libro The Future of China: the Challenge of its Asian Neighbors, del Ph.D. Sterling Kerr, publicada al reverso del mismo. Apasionado por la política, la academia, las relaciones internacionales y el servicio público. Actualmente trabaja en el despacho de la Subsecretaría de Formación Académica de SENESCYT.


*Las opiniones expresadas en el presente artículo son propias del autor y de su entera responsabilidad.