MÁS ALLÁ DE LA VENTANA

MÁS ALLÁ DE LA VENTANA

En el año 2012 me gradué de la Carrera de Estudios Internacionales. Después de trabajar dos años emprendí un viaje a Australia con una beca de excelencia por parte del gobierno ecuatoriano para realizar mis estudios de posgrado.

Luego de 24 horas de vuelo sin contar con las escalas llegué a mi destino final. La primera impresión que tuve fue ver una ciudad de gente amable, con señales de tránsito y circulación vehicular invertidas y una cantidad exponencial de personas del sudeste asiático y el sur de Asia.

A pesar de haber aprobado la clase de Cross Cultural Comunication en la UDA con la profe Tamara, mi impulso latino y la costumbre de saludar con beso y abrazo llamó mucho la atención. En mi primer día besé a una china en la mejilla recibiendo como respuesta: What are you doing? Y di un abrazo a un indonesio quien a más de terminar ruborizado, desapareció por una semana.

La mayoría de mis amigos eran asiáticos. Yo me esforzaba por transmitirles nuestra cultura y aprender de la suyas.  Orgullosa puedo decirles que al final del semestre todos aprendieron a abrazar, algunos a cantar la chola cuencana y todos quieren venir a visitar nuestro país. Nuestro elenco de países era bastante peculiar, entre los países de procedencia de mis amigos más cercanos estaban: Filipinas, India, Sri Lanka, Indonesia, España, Islas Mauricio, Nigeria, China, Australia, Hong Kong, Taiwán, Portugal, Singapur y USA.

Nunca aprendí tanto de las relaciones internacionales como en ésta experiencia multicultural. La frase “Cada persona es un mundo” cobró un sentido absoluto para mí. Las Universidades del Azuay y la Australiana fueron excelentes escuelas. Sin embargo la convivencia con gente de otros países, las largas conversaciones y criterios con amigos de diferentes nacionalidades, a más de la participación en eventos alternos a la Universidad, fueron los que forjaron en mí: tolerancia, un mejor entendimiento cultural, la capacidad de negociación y la necesidad de “ponerse en los zapatos del otro” antes de juzgar. Después de todo somos construcciones sociales de nuestro entorno, clasificando al bien y al mal desde usa sola óptica, la nuestra.

Nuestra óptica es como la de un ser humano, que está encerrado en una casa  con una sola ventana. A través de esa ventana juzga al mundo. ¿Pero se puede juzgar al mundo desde una ventana? Pues no,  se necesita el panorama completo. No necesariamente para juzgar, sino para emitir un criterio valido que tome en cuenta la mayor cantidad de elementos posibles.

Es por esta razón que viajar tomó un giro importante para mí. Como internacionalista estaba convencida, que la mejor manera de entender las relaciones internacionales era viviéndolas y explorándolas. Contaba con herramientas útiles, había aprendido muchísimo de las universidades y sobretodo de mis amigos. Ahora quería constatar la naturaleza de sus entornos para entender mejor sus acciones, reacciones y formas de pensar.

Lo más emocionante para mí fue cuando la teoría se fusionó con la práctica llevándome a conocer  12 países asiáticos. Cada uno con diferentes tintes y problemáticas que forjan la identidad de su gente. Por este motivo y por todo lo que pude absorber y aprender en estos dos años, al no mirar solo desde la comodidad de la “única ventana de la casa”. Me gustaría motivarles a salir a explorar nuevos destinos para que nuestros futuros debates sean sobre convivencia pacífica al ver a la diversidad como algo normal, en lugar de inclusiones forzadas producto de estereotipos y segregación hacia lo diferente.

 

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Por: Ma. Cristina Molina Galarza.

Graduada de la carrera de Estudios Internacionales en la Universidad del Azuay, master en relaciones internacionales por la Universidad de Melbourne Australia. Líder estudiantil, editorialista, trabajó en inversiones, fiscalización, voluntariados varios. Actualmente desempeña actividades de cooperación internacional en la Alcaldía de Cuenca mientras emprende un proyecto personal de comercio justo en beneficio de las asociaciones latinoamericanas. Soñadora en recorrer el mundo para entender el entorno cultural, su problemática social y así convertirse en agente de cambio. Pregona la tolerancia, la convivencia pacífica y la posibilidad de un desarrollo de las comunidades con justicia.