Mujeres, espacio público y acoso sexual callejero: ¿El cuerpo de las mujeres es de dominio público?

Mujeres, espacio público y acoso sexual callejero: ¿El cuerpo de las mujeres es de dominio público?

Por: Andrea Malquin Maura

Para muchas de nosotras, que un desconocido en la calle nos “desnude” con la mirada, nos mande besos, nos silbe, nos diga “cosita rica” o inclusive nos toque nuestras partes íntimas, se ha convertido en una situación cotidiana y hasta normal. Y aunque la mayoría de nosotras sienta miedo, molestia y culpabilidad, la sociedad ha minimizado al acoso sexual callejero bajo la excusa de que se trata de un “piropo” o un “halago” y que deberíamos estar agradecidas porque alguien reconoce nuestra belleza aún sin conocernos. En el mejor de los casos nos han aconsejado que ignoremos esos comentarios por la simple y casi “obvia” razón de que “así son algunos hombres” y hay que tener cuidado en cómo estamos vestidas, hasta qué hora estamos en la calle y procurar no andar solas. Es así como esa sociedad nos han enseñado a las mujeres a convertirnos en una versión retorcida de los tres monos sabios (Mizaru, Kikazaru e Iwazaru) que de acuerdo a la leyenda japonesa significan “no ver, no oír, no decir”: fingir que no escuchamos que un tipo nos dice “que rica nalga”, no responder si nos sentimos ofendidas y no hacer nada si vemos que a alguien más la están acosando.

Pero, ¿por qué llamarlo acoso sexual callejero? Porque es un acto no deseado con una clara connotación sexual y ejercido por desconocidos en contra de mujeres y niñas en espacios públicos como la calle, un parque, una plaza, un bar, una orilla de un río o un bus. El acoso sexual callejero comprende una serie de prácticas entre las que se encuentran miradas lascivas, piropos, gestos obscenos, silbidos, besos, jadeos, comentarios sexuales, fotografías, tocamientos (manoseos, agarrones o “punteos”), persecución, arrinconamiento, masturbación y exhibicionismo. Todas esas prácticas en espacios públicos al no ser consentidas, generan malestar y un impacto psicológico negativo en las víctimas, quienes cambiamos nuestro recorrido para evitar encontrarnos con nuestro acosador, cambiamos nuestra forma de vestir, estamos atentas a la hora en la que caminamos en la calle y preferimos estar siempre acompañadas. Se ha confundido al galanteo consentido con la más descarada forma de violencia sexual que entiende al cuerpo de las mujeres como un terreno de dominio público; y ¡ni hablar de aquellos que argumentan libertad de expresión!

Una encuesta realizada por Hollaback! demostró que un 60% de mujeres en Cuenca tenía entre 11 y 14 años de edad la primera vez que fueron acosadas y entre las formas más usuales de acoso callejero que han experimentado se encuentran miradas lascivas (88.04%), silbidos u otros sonidos (94.71%), piropos o gestos obscenos (66%), acercamiento intimidante (43.92%), agarrones a las partes íntimas del cuerpo (39.02%) y exhibicionismo o masturbación (24.9%). Un 27.06% dijo que es víctima de acoso callejero varias veces al día y un 28.43% dijo que de 2 a 3 veces a la semana lo que demuestra que este tipo de violencia es una práctica cotidiana en la vida de muchas mujeres. En este contexto, es necesario mencionar que el 82.16% de las encuestadas considera al acoso callejero como una experiencia traumática y sólo el 12.35% ha intentado denunciar a un agresor. Finalmente, se les preguntó a las encuestadas si esta forma de violencia de género debería ser sancionada legalmente y el 99.22% dijo que sí.

Con los datos antes mencionados y aunque la idea de la sanción legal suene descabellada, se debe reconocer que el espacio público ha sido diseñado, adecuado y concebido de acuerdo a las necesidades masculinas ; y no es ninguna novedad de que históricamente las mujeres fueron relegadas a espacios y ámbitos privados como la casa. Desde Rousseau que sostenía que el acceso sexual no necesariamente era un tema de mutuo consentimiento, y que los hombres tenían ese derecho de acceso sexual a los cuerpos de las mujeres (quieran o no), hasta aquel ejecutivo cerca de la Plaza El Otorongo que me aseguró que él puede decir u opinar todo lo que quiera sobre mi cuerpo sino para qué salía yo a la calle. A esto se le debe añadir el hecho de que las mujeres cambiemos nuestra conducta para evitar ser acosadas en la calle, lo cual demuestra la gran ausencia del Estado y su obligación de erradicar la violencia de género en el espacio público, así como esta sociedad machista en la que vivimos que ha convertido al cuerpo de las mujeres en un sujeto de dominio público.

Desde Hollaback!, un movimiento internacional dedicado a la lucha por espacios públicos seguros, ofrecemos varias alternativas para romper el silencio que ha perpetuado al acoso sexual callejero. A través de una red de activistas en 92 lugares del mundo brindamos herramientas útiles para víctimas, ya sea desde nuestro sitio web o desde nuestra aplicación móvil disponible para dispositivos Android e iOS, las mismas que les permiten documentar experiencias de acoso de forma geolocalizada además de contar con un espacio para subir una fotografía del lugar en dónde sucedió. Que exista un portal en el que las personas puedan desahogar su malestar frente a este tipo de violencia permite que otras se animen a registrar su experiencia al mismo tiempo que es un llamado de atención a las autoridades competentes por ser en un espacio de denuncia que precisa medidas al respecto. En 2015, la campaña fue presentada en esta ciudad gracias al apoyo de la Universidad de Cuenca así como de otras instituciones y colectivos que se unieron a esta iniciativa. Para más información sobre Hollaback! pueden ingresar en http://cuencaec.ihollaback.org o para quienes les guste el café y disfruten de una buena charla, contamos con un espacio abierto al público denominado “Café-Tertulia” en el que muchas mujeres comparten su historia. Los “café-tertulia” se llevan a cabo cada tres meses en la cafetería “Mujeres con Éxito”, un espacio de la Fundación María Amor que tiene por objetivo capacitar e impulsar la autonomía a mujeres víctimas de violencia de género e intrafamiliar.

Y ustedes, ¿se atreven a romper el silencio?

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Sobre la autora: 

Andrea Malquin Maura

Activista feminista, líder regional de Hollaback! para América Central y del Sur (periodo 2016) y coordinadora de la campaña en la ciudad de Cuenca. Se ha desempeñado como Social Media Manager en reconocidas agencias digitales e instituciones como la Universidad de Cuenca. Es Licenciada en Estudios Internacionales por la Universidad del Azuay y actualmente labora en la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Cuenca, en donde coordina proyectos internacionales como “Ciudades Piloto” de la organización internacional de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU) que busca convertir a la cultura en un eje de desarrollo sostenible.


*Las opiniones expresadas en el presente artículo son propias del autor y de su entera responsabilidad.